Un viaje a través del cine, con el hombre
y la sociedad como protagonistas

“Once”: Una bella historia de amor… con música

[8/10] De vez en cuando, la cartelera nos sorprende con películas que llegan sin ruido ni grandes pretensiones, pero que enseguida cautivan al espectador y se hacen inolvidables. Es el caso de esta preciosa historia de amor, cantada y susurrada a la vez, que en su sencillez y autenticidad encuentra el banderín de enganche hasta para quienes no son muy dados al musical. Premiada en Sundance por el público, la película de John Carney viene cargada de un tratamiento tremendamente humano y esperanzado a los problemas y desavenencias que el amor trae consigo, y también a dar un empujón a sus entrañables protagonistas en su búsqueda de una salida a la soledad.

Él es un joven que ayuda a su padre arreglando aspiradoras, que toca la guitarra en las calles de Dublín —canciones de éxito por el día, de elaboración propia por la noche—, y que sufre la ausencia de una novia que se ha ido a Londres. Ella es una chica que vive con su madre y su bebé, que trabaja limpiando o vendiendo flores por la calle, y que abandonó la República Checa dejando allí a su marido. Son dos buenas personas, amables y sencillas —en la película ni siquiera tienen nombre—, que sienten el peso de la soledad pero también el gozo y alivio de la música. Para ellos, ésta no es sólo el ejercicio virtuoso de la guitarra o del piano, sino el medio de expresar lo que llevan dentro, de poder abrir su alma y desahogarse. Por eso, las letras y la música de las canciones —hay diez temas originales, escritos para la película— adquieren valor narrativo y se convierten en exponente de sus deseos y de sus dudas. Cantan como podrían seguir hablando, porque sus canciones y diálogos están llenos de espontaneidad y vida, de sentido positivo y melancolía. Pero nada de ello empalaga ni suena a artificioso porque se muestran como son, sin énfasis ni dramatismos huecos, sin la amargura ni el pesimismo que tanto abundan en el cine —más cuando se habla de desencuentros afectivos—.

Cantando o conversando, en su soledad, sus personajes respiran alegría de vivir y de superar los escollos en una segunda oportunidad. Por eso, la música y la necesidad de compañía, su fondo de solidaridad y la misma calle son lugar de encuentro para un nuevo afecto y amistad, para empezar a soñar con componer juntos y triunfar… sueños de felicidad, sueños de artistas, pero también sueños de personas reales y con los pies en la tierra, conscientes de sus obligaciones, fieles y sensatos en su comportamiento. Deliciosa es la escena en que el joven cantautor se pone a ver en el ordenador escenas de su novia ausente grabadas tiempo atrás, buscando en ella la inspiración necesaria para componer una música que surja de la vida que lleva dentro. Hondura y delicadeza también para mostrar unos sentimientos que poco a poco van aflorando al componer un nuevo tema, al poner letra juntos a una canción, al grabar la versión definitiva de un disco. De esta manera, la tarea de hacer música juntos se convierte —sin pedantería ni cursilería— en parábola de la construcción de sus propias vidas, en una letra y música que se complementan como hombre y mujer que se sienten atraídos, y al final de la grabación necesariamente le seguirá el desenlace de su relación afectiva.

Película de tono realista porque Carney no quiere evadirse de la realidad cotidiana, sino aproximar a sus personajes al espectador. Busca y consigue una empatía con él, una identificación con sus dramas y deseos que hace que disfrutemos con unas preciosas canciones de música folk —solo escucharlas hace que la película merezca la pena—, que nos sentemos junto a ellos cuando ensayan a dúo en la tienda de música o que acompañemos a la chica por la ciudad mientras oye la música en busca de una letra. Solo en un par de ocasiones parece que al director se le escapa el tono de la película y cae en el formato del videoclip, defecto disculpable ante lo hermoso de la canción. Las canciones no tienen la imaginación fantasiosa de Lars von Trier en “Bailar en la oscuridad” ni la espectacularidad o dramatismo de Baz Lurhmann en “Moulin Rouge”: ni falta que le hace. Lo que convierte a este musical en algo distinto es la autenticidad de sus personajes, humanos y reales, su música e interpretación, nada forzadas ni sobredimensionadas. El joven es Glen Hassard, vocalista de la banda “The Frames” —fundada por el propio Carney—, que canta y habla de manera sentida y sincera; la chica es Marketa Irglová, compositora checa, al que el papel le viene como anillo al dedo en su discreción y sencillez.

Naturalidad interpretativa y verosimilitud en lo que se nos cuenta para una cinta de pequeño presupuesto pero enorme calidad. La cámara al hombro y el uso de los primeros planos, la fotografía de grano grueso que recoge ambientes a menudo en penumbra —a dos velas, diríamos, no sabemos si por presupuesto o porque reflejaba mejor la historia de la calle, de la soledad—, los secundarios populares y “no actores” que acompañan al dúo protagonista…, todo convierte a esta cinta en un placer de hora y media, en una película que deja un regusto de optimismo y de haber conocido a dos buenas personas. El potencial espectador no debe ser sólo el amante del musical, sino también al que le gusten las historias humanas y veraces, de amor delicado y contenido. No es Hollywood ni tampoco el típico drama de vacío existencial con desencanto incluido. Es un cántico bello de amor humano y de amor a la música, realizado en voz baja y con modestia, aunque las canciones expresen con fuerza todo el dolor y las ganas de decirle al mundo lo que esconde su corazón, de contarle las cosas que sólo suceden una vez (once).

Calificación: 8/10

En las imágenes: Fotogramas de “Once” – Copyright © 2006 Summit Entertainment, Samson Films, Bord Scannán Na hÉireann, The Irish Film Board y RTÉ. Distribuida en España por Avalon Productions. Todos los derechos reservados.

Publicado el 10 septiembre, 2008 | Categoría: 8/10, Año 2006, Críticas, Irlanda, Musical, Romance

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4 comentarios en ““Once”: Una bella historia de amor… con música”

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