[8/10] El americano Craig Gillespie nos regala con “Lars y una chica de verdad” una amable y entretenida película, cómica y pueril en apariencia, dura y profunda en su dramática realidad. Esta agradable sorpresa funciona como una emocionante y dulce historia personal, y también como un cuento en el que somete a la sociedad moderna a una terapia de iniciación hacia la madurez. Enseguida nos coloca ante la curiosa historia de Lars, un niño grande de comportamiento extraño y con dificultad para relacionarse debido a una carencia afectiva desde la infancia. Un día cree haber encontrado a la mujer de sus sueños, con la que no se siente incómodo y que le permite dar salida a todo su afecto. Ante el asombro y preocupación de su hermano Gus y de su cuñada Karin, resulta ser una muñeca de tamaño natural a la que llama Bianca y a quien trata como si fuera una persona. El cariño que todos en el pueblo le tienen y los consejos de la doctora Dagmar obligan a seguirle la corriente, a que la comunidad acoja a esta peculiar y terapéutica extranjera.

Estamos ante una historia que haría las delicias de más de un psicoanalista para hablar del delirio de quien que ha crecido sin cariño paterno/materno y generado traumas endógenos, y también del sociólogo analista de una sociedad individualista ahogada en la soledad e inmadurez. Porque, sin duda, el caso de Lars es “de libro” de psiquiatría y la respuesta del entorno poco creíble en su intento por dar normalidad a tal impostura. Sin embargo, lo que comienza como una comedia disparatada y extravagante se trasforma al poco tiempo en un drama intimista que llega tierna y suavemente al espectador, hasta provocar compasión y cariño hacia sus personajes: los atónitos e incrédulos rostros de Gus y Karin –espléndida sobre todo Emily Mortimer— dejan paso a la serenidad y comprensión de una doctora experta —magnífica Patricia Clarkson en su contención expresiva– que lleva a cabo una terapia tan eficaz como humana.

De alguna manera, a las sesiones que la doctora tiene con Bianca en presencia de Lars, continuadas en su vertiente práctica por el resto del vecindario, asiste también el espectador sentado en su butaca, que con ellos aprende la necesidad de vivir “haciendo lo correcto mientras se piensa en los otros”, “sin robar por la infidelidad el afecto a que se tiene derecho”, “tomando las propias decisiones” y perdiendo el miedo a sentir el cariño, el miedo, los celos… según trasmiten su personajes con la palabra o el gesto. Ante tales intenciones, parece como si el director necesitara la complicidad del público para enseñarle a crecer –estamos ante una fábula–, algo que consigue gracias a unas excelentes interpretaciones que provocan risas y sonrisas, ternura y dolor. Tal es la humanidad que adquieren los personajes –muy bien tratados por un guión que les quiere y lo hace sin ñoñerías–, hasta el punto de que la muñeca casi se convierte en un personaje más de carne y hueso, auténtico milagro del director, del guionista y de los actores.

Por otra parte, cada escena avanza ágil y suavemente a la vez, como la terapia de Bianca o como la maduración de un Lars que vive una segunda infancia/adolescencia y que aprende la importancia de la caricia, de los celos e incluso de la discusión. Aunque el desenlace se ve venir de lejos, es coherente en todo momento y llega sin giros forzados ni caídas de ritmo o precipitaciones de la historia. En todo este proceso, el gran trabajo interpretativo de Ryan Gosling –nominado al Globo de Oro– es decisivo para transmitir sentimientos nada empalagosos ni distantes, sin histrionismos ni artificiosidades. Resulta sencillamente asombroso, equilibrado, capaz de reflejar inadaptación y recelo al inicio, felicidad e ingenuidad después, angustia y dolor más tarde, o esperanza y humanidad en el tramo final.

Desde luego, si Bianca ejerce una influencia determinante en Lars, también lo hace en los demás miembros de la comunidad, que en su ejercicio de simulación terapéutica “se hacen mejores” y comprenden al que es “distinto”, a la afectuosa y necesitada Karin que llega a agobiar con sus muestras de cariño, a un Gus que arrastra la culpa de un pasado lleno de egoísmo, y a otros “niños grandes” que trabajan y juegan con muñecos y osos de peluche. Parece que el director quiere reflejar en el espejo de Lars a una sociedad infantilizada que no ve más allá de sus intereses, y que precisa de una terapia que le ayude a hablar con el vecino –Lars lo hace con una muñeca de plástico, el resto del personal con una amiga imaginaria–, para no acabar obsesionándose con los OVNIS o vistiendo a los animales como si fueran personas.

Una entrañable y sugerente historia –nominada al mejor guión original–, contada con buen pulso y una sutileza que invita a sentir la proximidad de sus personajes, como si fuésemos un vecino más de este idílico y solidario pueblo, donde “todos a una” se proponen ayudar al Lars que ha encontrado su “Dulcinea”. Finalmente diremos que, por momentos, esta película independiente americana parece de producción danesa, y no solo por el nombre del protagonista sino por su luz y por su puesta en escena. Una historia positiva y esperanzada, divertida y entretenida, con una delicadeza y sensibilidad que la hacen recomendable para un público muy amplio que disfrutará con la humanidad de este “niño grande” y de esta “chica de verdad”.
Calificación: 8/10
En las imágenes: Fotogramas de “Lars y una chica de verdad” – Copyright © 2007 Sidney Kimmel Entertainment y John Cameron/Sarah Aubrey Productions. Distribuida en España por Versus Entertainment. Todos los derechos reservados.
Publicado el 22 Septiembre, 2008 | Categoría: Año 2007, Comedia, Críticas, Drama, España, USA independiente
Etiquetas:amor, Craig Gillespie, Emily Mortimer, Lars y una chica de verdad, Patricia Clarkson, Ryan Gosling, soledad
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Y luego hay que echar un vistazo a “Mi amigo Harvey”. James Stewart como Elwood P. Dowd y su conejo invisible de 2 metros de altura.
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[...] conjuntamente. También muy delicada y sutil, contenida en su humor, es la comedia independiente “Lars y una chica de verdad”, mientras que otra comedia, “Happy: Un cuento sobre la felicidad” toma derroteros mucho más [...]