Un viaje a través del cine, con el hombre
y la sociedad como protagonistas

“La vida secreta de las palabras”: Cicatrices de soledad

[8/10] La directora de “Mi vida sin mí” vuelve a interesarse por individuos que arrastran heridas emocionales y que luchan por sobrevivir en un mundo deshumanizado que olvida con facilidad. Y continúa con la costumbre de hacerlo en inglés, rodando en el extranjero junto a Sarah Polley y con producción de El Deseo. La soledad y las dificultades para comunicarse eran ya temas abordados en “Cosas que nunca te dije”, después revisitados en “A los que aman” bajo el envoltorio de película de época. Y como en esa películas, también ahora Isabel Coixet sabe adentrarse en un mundo intimista, en los entresijos de almas marcadas por las cicatrices de la vida –las exteriores son mero reflejo de otras más profundas-, que han renunciado a esperar nada y que sólo vislumbran un poco de luz cuando el amor –única realidad capaz de redimirles- les concede una segunda oportunidad.

Un hombre ha sufrido un accidente y yace enfermo –y temporalmente ciego- en una plataforma petrolífera, a la espera de ser evacuado. Hanna, mujer que está de vacaciones forzosas por la empresa textil en que trabaja, se ofrece como enfermera para cuidarle, pues no soporta la soledad de estar sin hacer nada, a la vez que se adivina un pasado doloroso del que huye. El encuentro de ambos en medio del vacío existencial y una aparente distancia inicial dejará paso a confidencias de almas necesitadas de desahogo y de volver a creer en la vida.

Con gran capacidad para crear atmósferas dramáticas y ahondar en unos personajes escépticos ante el amor y que huyen de sí mismos, Coixet nos habla de los misterios y sinsabores de la vida, de la manera de afrontarla desde los silencios que genera la desconfianza o desde la locuacidad que llega tras el desencanto: cada uno a su modo, procuran curar heridas interiores y recuperar la seguridad perdida: unas vivencias frustrantes o la sensación de culpa han hecho que perdieran la alegría del idealista para instalarse en la tristeza y desolación ante un mundo con amnesia para sus propias tragedias. La soledad y la necesidad de abrir el alma a nuevos aires harán que una plataforma –sugerente metáfora- se convierta en lugar idóneo para sobrevivir al azote de tantas olas como la existencia trae consigo. Refugiados en sí mismos y deseando que les dejen en paz, viven entre otros seres solitarios e individualistas, cada uno con sus pequeñas historias aparentemente intrascendentes, pero que componen su existencia y que Coixet entiende como la miga de la vida. Por eso, la directora catalana se esfuerza por cuidar las cosas pequeñas que aparecen en pantalla, en una labor de producción esmerada.

La mirada pudorosa de la cámara busca no romper la atmósfera dramática e intimista que la historia requiere. Una veces adquiere el tic nervioso de quien se esconde a lo lejos, en un segundo plano, para preservar un momento de intimidad; otras prefiere unos planos fijos que respiran esteticismo poético. Con todo, logra crear esa emotividad contenida y sin empalagos, ayudada por una exquisita puesta en escena y por una dirección de actores que es correspondida por la fuerza expresiva de Tim Robbins y la perplejidad misteriosa del rostro de Sarah Polley.

Si Coixet acierta en mostrar la desazón interior de unos personajes que miran con dolor y sienten necesidad de afecto, no acaba de funcionar –y se hace innecesaria- la voz en off infantil, al inicio y final de la película, que trasmite más distancia que cercanía hacia una madre a la que se propone evocar. Tampoco está bien ensamblada la secuencia del alegato antibelicista puesto en boca de Julie Christie, no por su interpretación sino por el tono más discursivo y explícito que adopta –como si la directora necesitase reafirmar las barbaries y torturas cometidas en la guerra de los Balcanes-, en otra línea distinta a la ya expresada por la propia protagonista cuando descubre su secreto al enfermo, en una escena emotiva que sí consigue la complicidad del espectador.

Película de miradas y silencios, dura por dentro y suave por fuera, de personas de carne y hueso, que saben lo que es sufrir y que necesitan aprender lo que es amar. Cine emotivo pero sobrio en su manifestación, sensitivo e interior, poético y dramático, que gustará a quien busque personajes bien construidos y situaciones catárticas.

Calificación: 8/10

En las imágenes: Fotogramas de “La vida secreta de las palabras” – Copyright © 2005 El Deseo y Mediapro. Distribuida en España por Warner Sogefilms. Todos los derechos reservados.

Publicado el 30 septiembre, 2008 | Categoría: 8/10, Años 2000 / 2005, Críticas, Drama, España

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Un comentario en ““La vida secreta de las palabras”: Cicatrices de soledad”

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