Nadie duda de que la soledad se ha instalado en el cine contemporáneo, y especialmente en aquellas cintas que llegan con la etiqueta de “independiente”. Es como si, yéndose a los márgenes de la industria, uno se encontrara solo y sin compañía, marcado por sus propios gustos y su búsqueda de lo diferente. Películas como “Whisky” o “La soledad” recogían una realidad cotidiana, rutinaria y sin alicientes, para indagar en el alma de unos protagonistas necesitados de afecto y sobrados de desesperanza, que luchaban por sobrevivir en un ambiente frío y desangelado. Un panorama ciertamente duro y desolador, más por la carencia de horizontes que por los actos que veíamos en la pantalla: es la “violencia emocional”, más desgarradora y deshumanizadora que la física, que sufrían personas “normales” de la calle.

Recientemente hemos podido ver otras cintas que, para recoger ese mismo clima de soledad y hastío vital, prefieren centrarse en algún ser disminuido, con alguna deficiencia o tara ante la sociedad. Ahí están la estupenda “Lars y una chica de verdad” y la irlandesa “Garage”. En la primera, un adulto se ha refugiado en un mundo de imaginación y “creado” una novia de plástico en la que volcar su afectividad: es una muñeca para un niño grande que, en cierto sentido, le hace adulto desde el momento en que le ayuda a ser mejor y desarrollar lo propio de la persona… amar; quizá por eso, y por la compasión que despierta a su alrededor, en el pueblo se le sigue la corriente, a la vez que aprenden de él a querer de una manera tan delicada como sensible. La misma inocencia se aprecia en Josie, “el tonto del pueblo” de “Garage”, centro de bromas —a veces humillantes y despiadadas— de sus vecinos… También aquí, la bondad y pureza de este grandullón choca con unas vidas un tanto amargadas y escépticas, cuando no embrutecidas. Y también aquí, será el ser más indefenso quien pague los platos rotos de quienes “van siempre a lo suyo” y han perdido el sentido de la dignidad de la persona.

Cuatro películas de notable interés, con una narrativa y planificación depuradas, que saben colocar la cámara en el lugar idóneo para bucear en el alma de sus protagonistas y a la vez respetar su intimidad, que se atreven a cuestionar un modelo de sociedad donde la soledad y la incomunicación son el resultado de actitudes egoístas o materialistas. Con estos ejemplos, parece que capturar ese vacío existencial precisa un tratamiento fílmico sobrio y desnudo de artificio, donde la mirada del director opta por centrarse en unos seres desvalidos —a los que tratan con respeto y comprensión—para, a modo de negativo y en fuera de campo, radiografiar una sociedad asfixiada de bienestar y perdida en la ambición, como los exiliados de “WALL·E (Batallón de limpieza” que, de tanto engordar de sí mismos y concedérselo todo, habían olvidado lo esencial del ser humano, la relación personal.
En las imágenes: Arriba, fotograma de “Lars y una chica de verdad” – © 2007. Distribuida en España por Versus Entertainment. Todos los derechos reservados. Abajo, de “Garage” – © 2007 Distribuida en España por Avalon Productions. Todos los derechos reservados.
Publicado el 5 Septiembre, 2008 | Categoría: Opinión
Etiquetas:Garage, La soledad, Lars y una chica de verdad, soledad, WALL·E (Batallón de limpieza), Whisky
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[...] embargo, cada fotograma deja un poso de insatisfacción y amargura que obliga a pensar de nuevo si el cine independiente americano está abonado a la soledad y al desencanto. El mismo título ya deja entrever esa “necesidad” de encontrar algo de afecto [...]