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«Cosas que perdimos en el fuego»: sobrevivir a la droga y a la ausencia

[7/10] El buen sabor de boca que dejó “Después de la boda” se repite con «Cosas que perdimos en el fuego», nueva película de la danesa Susanne Bier, primera realizada en Estados Unidos y en inglés. En ambos casos nos encontramos con unos dramas profundamente humanos, con un excelente retrato de personajes fuertes pero que dejan ver sus flaquezas en la adversidad. La directora demuestra una gran capacidad para trasmitir una realidad cruda con imágenes de gran densidad y fuerza visual, a la vez que las dota de hondura emocional y esperanza. En esta ocasión vuelve sobre la familia que se rompe por la pérdida, sobre el hueco irremplazable que deja a su alrededor y sobre los intentos de salir adelante y “aceptar lo bueno” que todas las realidades encierran.

Desde el inicio sabemos que Brian ha muerto asesinado cuando terciaba en una disputa conyugal en plena calle. Al funeral llega Jerry, un heroinómano que intenta rehabilitarse y que está muy agradecido al difunto por haber sido su mejor amigo, el único que no le abandonó cuando quedó enganchado a la droga. Brian ha dejado viuda a Audrey, que con dos hijos pequeños, Harper y Dory, sufre su ausencia e intenta salir adelante como puede, lo mismo que Jerry en su lucha contra la adicción. Durante la primera media hora, Bier se sirve de una estructura deconstruida, con continuos viajes al pasado para presentar a los personajes y relacionarlos en sus últimos encuentros, pero su dominio del tiempo fílmico y su transparencia narrativa hacen que el espectador esté situado en todo momento y sienta el drama que se avecina sin perder interés ni emoción.

En adelante, asistimos al proceso de reconstrucción de unas vidas, a la luz del recuerdo de un amigo leal, de un esposo ejemplar y previsor, de un padre paciente y optimista (quizá excesivo su cartel de hombre bondadoso, para una película dramática). Es también la historia de un hombre caído y levantado que es capaz de renunciar a su vida en un intento de respetar la memoria del amigo, la delicada crónica de un amor que llega con resistencia y que intenta evitar la suplantación o emulación.  Y, cómo no, es la lucha contra la soledad en las largas noches de insomnio, entre el vacío emocional de unas vidas que se asemejan a una película triste o a una pesadilla continua. Un mundo que quiere ofrecerse con toda la fuerza y crudeza de la realidad –en escenas como la del mono que sufre Jerry–, con una fotografía de baja definición y tonos fríos que genera esos ambientes hiperrealistas de pérdida y soledad, y con una banda sonora discreta pero eficaz.

Como ya sucediera en “Después de la boda”, Bier busca acercarse a sus personajes y coloca una cámara que hereda del Dogma’95 cierta movilidad y nerviosismo, que busca en los rostros la expresión del alma con todos sus matices y dramatismo, y que recurre a abundantes primeros –incluso primerísimos– planos en un intento de recoger cualquier sensación interior. En este aspecto, los actores están a la altura con interpretaciones llenas de vitalismo y naturalidad. Benicio del Toro sufre con su personaje y transmite con una actuación muy física esa misma pelea y huida permanente del infierno –así define la adicción a la droga–, de resurgimiento, renuncia y posterior hundimiento; mientras que Halle Berry deja ver su desconsuelo de esposa y sus contradictorios sentimientos respecto al nuevo amigo de sus hijos.

El trabajado y preciso guión es quizá la mejor baza de la película, que avanza trenzando las historias interiores de Jerry y Audrey, aproximándolos unas veces y distanciándolos otras, en una viaje interior por encontrar sentido a la vida, por “aceptar lo bueno” que se presenta –lema del difunto Brian–, hasta el punto de que la droga y el amor parecen confundirse en esa búsqueda de felicidad. Aunque al guión de Allan Loeb le faltan los giros sorprendentes y llenos de energía que hacían voltear toda la historia en “Después de la boda” y que ahora se parte de una historia un poco artificiosa, aquí directora y guionista saben también mantener la atención del espectador ante el drama existencial. La inteligencia al construir situaciones llenas de perplejidad y de emociones encontradas hace que por momentos Jerry aparezca, a los ojos del espectador y de la misma Audrey, como el “sustituto” de Brian hasta casi identificarse con él –incluso sabe de los hijos más que su propia madre–, para finalmente centrarse en su particular historia de desintoxicación.

Una historia de profunda amistad y dolor, de lucha por vivir sin amor y sin droga, de sentimientos encontrados en los que dos “colgados” se necesitan, pero donde la sombra del marido es alargada y respetada. El título, según recuerda la viuda, alude a las cosas que perdieron en un incendio sufrido en la casa años atrás, cuando la calma y sentido positivo de su marido minimizaron la tragedia y les dio una lección de las cosas que realmente importan en la vida. Por todo, es una película recomendable para quienes disfrutaron con su anterior film, para los amantes de los dramas intimistas e intensos, para los aficionados al nuevo cine nórdico –aunque se trate de una producción americana– que trae aires frescos y esperanzados.

Calificación: 7/10

En las imágenes: Fotogramas de «Cosas que perdimos en el fuego» – Copyright © 2007 DreamWorks Pictures y Neal Street Productions. Fotos por Doane Gregory. Distribuida en España por Universal Pictures International Spain. Todos los derechos reservados.

Publicado el 24 septiembre, 2008 | Categoría: 7/10, Año 2007, Críticas, Drama, Gran Bretaña, USA independiente

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7 comentarios en “«Cosas que perdimos en el fuego»: sobrevivir a la droga y a la ausencia”

  1. Rosenrod

    Una película que perdí en su momento: imperdonable. Y más después de leer tu crítica.

    Un saludo!

  2. Juan Carlos O

    Una vez más ne vuelve a sorprender el dominio de la comunicación visual de esta directora. Sus planos ultra-cortos (habitualmente un solo ojo) parece que desnudan los sentimientos del personaje. Pese a que no estamos ante la sensación de cámara al hombro de su anterior película la planificación me parece soberbia y nos hace participar en la película como si estuviéramos allí.

    Aunque se nota el toque Hollywood me parece que se merece más del 7/10 que le pones.

  3. Julio

    Quizá mereciese más de 7/10, Juan Carlos, pero discurre por terrenos muy trillados y con recursos dramáticos «fáciles» (como el primer plano, por ejemplo). No asume riesgos ni sorprende -y no lo digo por los giros del guión- como «Después de la boda». Vamos, que es más convencional y en cierta manera previsible (se ve la acomodación a los gustos americanos). Pero es buena película, me gustó, y la recomiendo.

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