[7/10] Volvemos al Afganistán visitado por Hana Makhmalbaf en “Buda explotó por vergüenza”, aunque ahora en un momento inmediatamente anterior. También lo hace desde Estados Unidos Amir, el protagonista de “Cometas en el cielo”, que necesita recobrar la paz en el alma y volver a ser bueno. Han pasado veinte años desde que se fugó con su padre, huyendo de la invasión soviética. Ahora los talibanes han instaurado un régimen de terror, violencia e intransigencia. Una llamada telefónica hace que Amir recuerde su infancia y nos cuente, como novelista que es en la actualidad, la historia de amistad con Hassan, forjada en el juego y la lealtad, pero también rodeada de cobardía y incapacidad para defender unos ideales que comenzaban a ser atropellados por el fanatismo.

Eran tiempos revueltos para un país políticamente dividido, pero donde aún se podían volar cometas y correr por las calles, sin miedo a las metralletas o las minas. Era un periodo de dudas e inseguridades para Amir, de afianzamiento en la amistad y el sentimiento religioso para Hassan, de confrontación étnica para la población de Kabul. Juegos, humillaciones y traiciones que dejarán una profunda huella en la joven pareja, tan dolorosa como viva tras veinte años de separación. Marc Forster adapta la popular novela de Khaled Hosseini, e intenta conciliar toda su carga dramática con la poesía de sus imágenes, la inocencia y claridad de la mirada de sus protagonistas con la oscuridad y secreto que se esconden en su interior. Su título y la parte de la infancia gozan ya de ese mismo aliento poético, y las imágenes son quienes nos hablan de una sana rivalidad en el concurso de cometas —con una planificación aérea muy lograda— o de la crueldad a que pueden llegar unos niños que respiran el odio de sus mayores —en la escena más dura de la cinta, por encima incluso de las de los talibanes—, con diálogos y elipsis sutiles y elegantes, conducidos a buen ritmo por una banda sonora alegre y luminosa.

La imagen será sustituida por la palabra cuando Amir novelista y adulto vuelva a su tierra, cuando el amigo de su padre le relate lo sucedido a Hassan en esos años, o él mismo lea la sentida carta que le dejó escrita. Entonces, cuando un espectador omnisciente ya conoce los sentimientos y relaciones que hubo entre ambos, la historia adquiere un sentido más narrativo en su búsqueda de redención, aunque siempre se permitirá alguna imagen cargada de nostalgia y lirismo, como ese paseo por las calles en que en otro tiempo volaban cometas y ahora están pobladas de tullidos y rostros tristes: algunas de esas imágenes, de corte realista y documental, recuerdan a “Kandahar” (Mohsen Makhmalbaf), donde muletas o piernas ortopédicas eran lo que caía del cielo azul afgano para una población desesperada.

El director de “Descubriendo Nunca jamás” busca un realismo en la puesta en escena que pueda trasmitir sentimientos puros y situaciones verosímiles. La película fue rodada en China y con actores poco conocidos o no profesionales, con lo que consigue una ambientación adecuada y recrear tanto el clima festivo con las cometas como el de crispación ante la inminente invasión comunista o el de terror con los integristas talibanes. Sin duda, la música de Alberto Iglesias, excelente mezcla de temas tradicionales afganos con ritmos árabes y flamencos, goza de un protagonismo decisivo en esa tarea: quizá su presencia sea excesiva y acabe suplantando, apabullando, a una narrativa a la que en ocasiones le falta verosimilitud. En cualquier caso, este es el precio que hay que pagar al trabajar con intérpretes inexpertos, unos niños no bien dirigidos y que propician momentos poco naturales en su puesta en escena, lo mismo que algunas de los adultos como las primeras intervenciones del “baba” de Amir o la entrevista de éste con el talibán pervertido.

Tampoco el doblaje ayuda mucho a dar expresividad a la entrañable historia de amistad —fue rodada íntegramente en los dialectos afganos dari y pastún—, que por otra parte tiene el mérito de no caer en el sentimentalismo dulzón ni en el esquematismo ideológico. Forster sabe mantener las referencias históricas y político-sociales como un discreto pero eficaz telón de fondo para la historia personal, y ésta conserva la sobriedad y contención necesarias. Con todo, tenemos una película que se aprovecha de una buena historia y una magnífica banda sonora —por sí misma hace que merezca la pena ver la cinta—, pero donde el director no acaba de arrancar toda la emoción y dramatismo que encierran, quedándose en breves fogonazos de poesía o dureza emocional pero a los que les falta continuidad. Una bonita e íntima historia de amistad, herida en la infancia por la cobardía y la traición, redimida más adelante por la lealtad de quienes estarían dispuestos “una y mil veces” a cualquier cosa por su amigo.
Calificación: 7/10
En las imágenes: Fotogramas de “Cometas en el cielo” – Copyright © 2007 DreamWorks Pictures, Sidney Kimmel Entertainment y Participant Productions. Distribuida en España por Universal Pictures International Spain. Todos los derechos reservados.
Publicado el 1 Septiembre, 2008 | Categoría: Año 2007, Críticas, Drama, USA independiente
Etiquetas:Alberto Iglesias, amistad, Budá explotó por verguenza, Cometas en el cielo, Descubriendo Nunca Jamás, guerra, Hana Makhmalbaf, Kandahar, Khaled Hosseini, libertad, Marc Forster
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