[6/10] Desde los tiempos de Jean Renoir (“Una partida de campo”), Francia visita de vez en cuando su campiña en busca de un remanso de paz donde recuperar la alegría de vivir y también un poco de luz para iluminar una existencia problematizada. Es un gusto hacia las cosas sencillas y las personas de buen corazón, donde prima la mirada contemplativa y nostálgica sobre la acción, el sentido positivo sobre el fatalismo nihilista.

Son películas humanistas que recogen situaciones a veces dramáticas y personajes desorientados, pero donde el sentido de la amistad y la solidaridad, la familia y el amor les conceden un asidero para salir airosos del atolladero, mientras que el espectador se queda con la sensación de haber presenciado unas vidas auténticas y normales a la vez que respira el optimismo de quien confía en la bondad de la naturaleza humana. A títulos como “La fortuna de vivir”, “Conversaciones con mi jardinero” o “La chica de París” se les une ahora “Un verano en la Provenza”; de nuevo, el campo es sólo el marco ideal para reflejar el regreso a una Naturaleza sin ruidos ni prisas donde se pueda percibir el valor de las cosas importantes y la belleza de las relaciones personales.
La crítica está publicada en La Butaca
Publicado el 16 Septiembre, 2008 | Categoría: Año 2007, Costumbrista, Críticas, Drama, Francia
Etiquetas:Clotilde Hesme, Daniel Duval, Eric Guirado, felicidad, Liliane Rovère, Nicolas Cazalé, padres-hijos, Un verano en la Provenza
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