[6/10] Unos truenos y relámpagos dan el pistoletazo inicial para esta historia de terror firmada por Stephen King y llevada a la pantalla por Frank Darabont, como ya sucediera en “Cadena perpetua” y “La milla verde”. La tormenta ha causado graves daños materiales y ha traído una niebla misteriosa, en cuya espesura se esconde algún tipo de monstruo que siembra el caos y el pánico en un pueblecito de Maine. En el supermercado quedan atrapados algunos de sus vecinos, sumidos entre la confusión y el miedo ante lo desconocido. Ya tenemos la situación ideal para generar una atmósfera desasosegante de tensión y nervios, que se completará con la necesaria alusión al orgullo científico-militar carente de ética y a una religiosidad que, de un tiempo a esta parte, algunos identifican con fanatismo e irracionalidad.

En esta moda de vuelta a los años setenta que el 11-S ha propiciado y de rescate de la serie B, el catastrofismo apocalíptico es una de las marcas de la industria cinematográfica, con un ecologismo tremendista mezclado con utopías pseudo-humanísticas que miran al hombre como el principal lobo para el hombre, que temen que su paraíso natural sea destruido por elementos foráneos, que luchan contra el misterio y se acaban autodestruyendo. Ya no hay Guerra Fría ni está de moda la invasión alienígena —aunque haya otro tipo de confrontaciones bélicas o terroristas—, y el cine de terror apunta más bien a un enemigo incubado en el interior del hombre. Cintas como “Hijos de los hombres”, “Soy leyenda” o “The Host” hablan de ese terrible final no sólo de la Humanidad sino de un sentido de humanidad entre los habitantes del planeta. Otras como “El bosque” o “La niebla de Stephen King” también encierran a un individuo temeroso que poco a poco se va desquiciando, confiado sólo en sus propias fuerzas y desesperanzado de lo que pueda venir del exterior (peligros o ayuda), en clara alusión a la dualidad de inmanentismo y trascendencia (o autosuficiencia y solidaridad, según se prefiera).

Desde el inicio de la película, vemos que las relaciones entre los vecinos no son lo que diríamos amistosas, y que esas desavenencias van en aumento conforme avanza la historia, hasta que sale a relucir un pasado de rencores y egoísmos. A la hora de la verdad, pocos están dispuestos a confiar en la palabra de los primeros testigos, a ayudar a la madre desesperada que quiere ir junto a su hija, a exponerse por quien necesita unas medicinas. Para seguir indagando en esa pérdida de solidaridad, el director va colocando a sus personajes en situaciones cada vez más extremas, provocando reacciones que van desde el escepticismo más pragmático hasta el fideísmo irracional, desde la histeria que lleva al suicidio hasta la esquizofrenia que empuja a los sacrificios humanos. Al final, todo es locura en medio de la niebla, allí donde el hombre no se descubre a sí mismo y acaba aniquilándose en su propio salvajismo. Así las cosas, parece claro que la historia de Stephen King debe interpretarse como una alegoría de esta ceguera humana, y su impactante final resulta el mejor colofón a tan apocalíptico y pesimista planteamiento.

La historia está narrada con buen ritmo, aunque el guión tenga que “inventarse” un motivo y otro para salir al exterior, y generar nueva tensión al espectador. Incluso algún giro narrativo parece una pirueta increíble, y por momentos da la impresión de que asistimos a una nueva aventura de Indiana Jones en el templo maldito (al menos, es lo que se deduce ante tanta larva incubada y sacrificio humano). Por su parte, la progresión dramática está conseguida y atrapa la atención del espectador, aunque venga aliñada con el oportuno efectismo de una cámara nerviosa que parece un intruso en la escena, de unos ruidos artificiosos que exigen una laboriosa labor de sonido, o de unas alimañas que repugnan a la vista y con las que se regodea. Los sustos se esperan y parecen anunciados por las caras de pavor de sus protagonistas, mientras que el suspense queda también aguado en lo previsible —como en la escena de la cuerda—, y no se llega a alcanzar un clímax auténtico que encoja al espectador en la butaca. Como suele ser habitual en estas cintas, diálogos pobres e interpretaciones mediocres —la misma Marcia Gay Harden como fanática religiosa y desequilibrada asume unos excesos carentes de matices, aunque sea más bien un error del guión—, que quedan al servicio de una historia y una atmósfera, mientras que la música asume un papel demasiado subrayado.

Una adaptación correcta y canónica de la novela de Stephen King, sin sorpresas ni novedades en el cine de género, en la línea de otras visiones catastrofistas de la especie humana, donde todo es mostrado (mucho bicho para provocar más desagrado que miedo) y explicado. Demasiado efectismo y personajes estereotipados —un presuntuoso y arrogante abogado, una antipática y esperpéntica visionaria, un heroico y audaz padre…— para una historia pesimista que quiere causar terror pero que no llega a penetrar en el imaginario del espectador, y que por tanto podrá entrar enseguida al supermercado sin el temor a sufrir una pesadilla semejante.
Calificación: 6/10
Imágenes de “La niebla de Stephen King” – Copyright © 2007 Dimension Films y Darkwoods Productions. Distribuida en España por Notro Films. Todos los derechos reservados.
Publicado el 26 Agosto, 2008 | Categoría: Año 2007, Críticas, Hollywood, Terror
Etiquetas:Cadena perpetua, El bosque, ética, Frank Darabont, Hijos de los hombres, La milla verde, La niebla de Stephen King, Marcia Gay Harden, miedo, solidaridad, Soy leyenda, Stephen King, The Host
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4 Septiembre, 2008. 6:34 pm
“La niebla” me pareció muy buena y casi me fascinó. Tal como yo lo veo hay un cine de personajes y un cine de arquetipos. El cine de arquetipos es generalmente la historia del Bien y Mal. Los malos son muy malos y los buenos son muy buenos. “El Señor de los Anillos”, por ejemplo. No hay matices en los orcos, ni falta que hace porque no habla de personas: las usa como vehículo de ideas. Cosa que me parece tan lícita como crear drama de personajes siempre y cuando se haga bien.
Creo que “La niebla” usa a las personas como arquetipos de esa forma: vehículos de ideas. El supermercado no es un supermercado concreto: es la sociedad. Una imagen perfecta, en mi opinión. La sociedad americana o la sociedad global. Da igual. El supermercado es también un arquetipo. Allí está la fanática religiosa, el ateo, el racionalista, el pragmático, la preocupada social…
Lo que la película propone, la cuestión que plantea es: ¿de parte de quién nos ponemos? Y la película te manipula para que nos pongamos de parte de ese señor con su hijo que parece que sabe lo que tiene que hacer. Y nos parece muy bien que la cámara nos lleve con él porque somos inconsciente, intuitivamente, como él. Hasta el final. Su aparente seguridad se desmorona por falta de esperanza.
(Aquí vienen SPOILERS) Y no me parece que sea un final negativo. Lo que pasa es que hay que fijarse en ese camión que pasa durante dos o tres segundos y que nos muestra de parte de quién deberíamos haber estado: de la mujer que salió en busca de sus hijos. Ella es la superviviente. Ni fanatismos, ni racionalismos, ni pragmatismos: quien hace lo correcto, quien arriesga todo porque ama a alguien.
¿Desesperanzador? No. Darabont nos está diciendo: eres tonto por no tener esperanza, por no tener fe, por no tener alguien a quien amar lo suficiente como para salir en su busca.
(Bien: esto es, entre otras cosas para probar qué tal te funciona la página.)
10 Septiembre, 2008. 9:27 pm
Efectivamente, Individuo Kane, tenemos que distinguir entre “arquetipos” y “personajes”, pero también existen los “estereotipos”, aquellas personas -no orcos- que queriendo significar una actitud ante la vida o idea… se quedan en lo esquemático y poco sutil, en lo inverosimil cuando no en lo patético o ridículo por exagerado.
Y en cuanto al final esperanzador, es cierto que ese es “mensaje” final de Darabont, pero creo que desde una postura extrema-apocalíptica y pesimista adoptada desde la simplificación a que ha sometido a los personajes. Pero que conste que pienso que el final es lo mejor del film.
16 Septiembre, 2008. 11:03 pm
A mi de La Niebla me aterró el final. Me dejó traspuesta.
La verdad que la película en general me gustó.
18 Septiembre, 2008. 4:55 pm
Es cierto, Manuela: el final es lo más duro e impactante, pero precisamente por el modo seco y contundente que lanza, su mensaje lleva de manera diáfana al espectador, y hace que sea una película inolvidable, una escena que queda grabada en la memoria. Pienso que ese desenlace en coherente con todo el film, aunque uno pueda no esperárselo.
2 Diciembre, 2008. 9:05 am
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